lunes, 5 de julio de 2010

Educar, tarea de a dos

Cuán importante es que los matrimonios jóvenes comprendan que hay que ponerse de acuerdo para educar a los hijos. No hay nada que causa más desconcierto en un niño, que notar órdenes y contraórdenes por parte de los padres.

La unidad de criterios de los padres es imprescindible para no educar contracorriente. Cuando papá dice “no” y mamá dice “ pero déjalo... un ratito más”, lo que el pequeño aprende muy rápidamente a ejercer presión sobre el más débil, sobre el más permisivo. Y procurará utilizar los recursos que hacen tambalear la firmeza e alguno de sus progenitores; sin haber estudiado psicología el niño pequeño puede darse cuenta con qué argumentos, con qué conductas, con qué palabras, qué tipo de protestas o pataletas, logran hacer efecto en alguno de su padres y lo llevan a conseguir lo que quiere.

Lo que es aún más importante, es que si los padres no se han puesto de acuerdo en lo que exigirán a sus hijos, en los hábitos que van a formar y cómo lo van a hacer, los criterios para educar quedan a merced de las circunstancias del momento: si están cansados tal vez no sean exigentes con él para que coma todo lo que les han servido , si tienen el dinero para comprarle el juguete que el niño quiere, a lo mejor cederán a sus exigencias; si están de mal humor tal vez reaccionen con un grito ante una rabieta. Cuán importante es que ambos padres conversen u decidan cómo quieren que su hijo legue a ser el día de mañana y qué medios van a poner hoy para lograrlo.

El ponerse de acuerdo debe involucrar también a los abuelos a las personas que de algún u otro modo, comparten con los padres la responsabilidad de educar al niño. No basta, por ejemplo, que una buena niñera, sepa preparar papillas o entretener al niño; ella debe ser capaz de exigir al niño con cariño, de fomentar la obediencia, los buenos hábitos, el seguimiento de horarios, etc. Hoy en día hay muchas instituciones educativas, entre ellas, los nidos, que ofrecen capacitación para nanas que convendría aprovechar.

Como consecuencia de todo esto, es clara la necesidad que exista una buena comunicación en la pareja. Hay que buscar espacios, deteniéndose unos momentos durante el quehacer cotidiano, para reflexionar, ponerse de acuerdo y actuar en consecuencia. Al fin y al cabo, lo que está en juego es algo muy preciado: un futuro feliz para los hijos.

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